La biblioteca ha cerrado sus puertas. El tiempo del estudio pasó, ahora cada segundo corre lentamente bajo una asquerosa capa de sudor. Ninguna obligación a priori, todo el tiempo del mundo se queda para ti. Tres meses que estabas esperando desde hacía un año...
Se deslizan los segundos, reptan y caen al vacío. Se pierden. Ya ha pasado un mes.
Cada vez que entra por la ventana una brisa que busca cobijarse del calor parecen fugarse aun más segundos. Y caen. Y vuelan. Se pierden. Ya ha pasado un mes y un minuto.
Esperaré a que caiga la noche.
domingo, 4 de julio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario