miércoles, 6 de enero de 2010

Bibliotecas

Gran mundo se te presenta delante cuando descubres tu nuevo hogar: la biblioteca.

Sí, a partir de ahora tus vacaciones de Navidad van a pasar de la mesa de la comida familiar a la mesa de la biblioteca, que por supuesto también compartes, y casi siempre, con la misma gente: el chaval de gafas que recibe llamadas incesantemente, la muchacha rubia que siempre olvida quitar el sonido a su teléfono móvil...

Día tras día, la misma chica de sandalias romanas llega a la misma hora y se sienta a tu lado, luego pasáis más de tres horas juntos, incluso hacéis el descanso del café y el cigarro a la vez. Pero no sabes de ella más que el hecho de que estudia Bioquímica y que llega siempre a las 10:34 AM. Algún día, la puerta se abre a esa hora pero ella no entra, y te preguntas ¿estará haciendo ya el examen que lleva tanto tiempo preparando? ¿Estará enferma? Y cuando al día siguiente la ves, vuelve a haber la misma relación entre vosotros.

Silencio.

Cada uno a sus apuntes. De vez en cuando sientes que echa una ojeada a ver que andas estudiando, que nota que tú haces lo mismo. Pero nada, terminará la temporada de exámenes y seguirá siendo la chica de sandalias romanas que llega a las 10:34 AM y estudia Bioquímica. Y de nuevo, cuando vuelvan los exámenes allí estaréis los dos, compartiendo horas y horas que esperáis sean recompensadas con una simple cifra. Una cifra para decidir si te has esforzado lo suficiente o no. Y tú volverás a la biblioteca, y allí estará toda tu nueva familia, esa que no conoces, qué casualidad, como podría pasar con la tuya.

Total, sólo os juntáis en dos fechas señaladas al año...

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