domingo, 25 de octubre de 2009

Entre monjas, encargos, abstinencias y cincos y medios

Ayer mi maniquí bebió, o eso creo, todo está difuso. Quizá fuera yo el que iba con una copita de más, y de pasar tanto tiempo con mi maniquí ya confundo si soy yo, o si soy él. Qué poco pesan las palabras si no se refutan con los hechos... me veo arrastrado por mi pasado

¿Reflexiones recién levantado? ¿Necesarias?

Sí, y sin ningún atisbo de duda. Tras haber caminado un tiempo por el camino correcto, por fin parece presentarse ese camino de adoquines amarillos que tanto tiempo llevaba buscando, tras la montaña rusa en que me llegué a ver envuelto. Cuando la felicidad rezuma por cada uno de los poros de tu piel es difícil resistirse a los impulsos, y así me veo: entre monjas, encargos, abstinencias y cincos y medios. Y así me pude llegar a ver ayer, recordando pasajes de aquél camino que creo haber dejado a un lado... aunque siempre voy a llevar partes de él grabadas en mi silencio en forma de melodía, y sé que estoy felizmente condicionado por aquella decisión.

Ahora que he conocido a mi maniquí he empezado a valorar cada lección, cada emoción, cada silencio, cada segundo... y no encuentro la forma de resistirme a esta opción de vida tan sumamente atractiva

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