martes, 29 de septiembre de 2009

Bienvenidos al hogar del loco

Cambios.

Pequeños cambios sufre nuestra vida, unos insignificantes otros realmente importantes, pero al fin y al cabo cambios, constantes cambios.

Desde aquél tiempo cuando a las diez había que llegar a casa y con tres euros te sumabas a la masa común de adolescentes. Era el rito de todos los fines de semana. Pero ante eso surgen cambios, comienzas a descubrir que por sumarte a la masa no vas a ser más "guay", de hecho el interés realmente reside en la gente diferente. La gente que cambia algo en su vida para salir de la dinámica habitual... esa gente es la que realmente merece la pena conocer. Y ojo, no digo que en la sociedad que se queda a verlas venir y se acomoda con su entorno no haya gente digna de conocer. Pero si es cierto que siempre atrae más no ser uno más, y el que opine lo contrario bien se puede quedar en su apalancamiento físico y mental, sin conocer nada más allá que lo que se le presenta delante de sus propias narices...

Sí, tengo ganas de cargar contra el mundo, pero no soporto la idea de ser uno más, alguien que por suerte o desgracia le ha tocado conformarse con llevar una vida sin cambios, monótona, aburrida. Quiero salirme de ese perfil, quiero arriesgarme, estar en una nube, caerme al más turbio fango y de nuevo levantarme para ver lo que se me planta delante.

Sí, estoy loco, pero ¿acaso la locura no es buena?

1 comentario:

  1. ...yo digo imposible escapar...

    Pero claro.. ¿Quién puede resignarse a eso? ¿Rendirse? ¿Así? ¿Sin lucha?

    Yo digo imposible escapar, pero no lo creo. No del todo. No podría.
    Se trata de un modo de estar en el mundo. Una actitud, los ojos abiertos, el corazón entornado, la razón cerrada...

    El simple hecho de mantenernos alerta, de estar al acecho de otras voluntades inquietas, es el comienzo de la evasión. Por muchas dificultades que nos pongan a quienes nos resistimos contra viento y marea, les ganamos tan sólo por no ceder un ápice en nuestro deseo de salir de sus directrices. El simple hecho de quererlo, de querer también sentir (lo que sea) con intensidad, de darnos a los impulsos sin meditar las consecuencias, nos hace libres.

    ¿Que si la locura es buena?

    Por Dios, no hay nada mejor... =)

    Un saludo, Pedro!!!

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